APROBADA EN EL CONGRESO LA REFORMA DE DEPENDENCIA Y DISCAPACIDAD QUE IMPULSA IGUALDAD LLEVA MÁS DE UNA DÉCADA RECLAMANDO


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La ley fija por primera vez que el Estado financie al menos el 50 % del sistema de dependencia y simplifica el acceso al reconocimiento de discapacidad, aunque su aplicación real dependerá ahora del paso por el Senado y de las comunidades autónomas

El Pleno del Congreso de los Diputados ha aprobado definitivamente la reforma de la Ley de promoción de la autonomía personal y atención a las personas en situación de dependencia y de la Ley general de derechos de las personas con discapacidad. IMPULSA IGUALDAD, junto al resto del movimiento asociativo de la discapacidad, ha reclamado esta actualización normativa desde hace más de una década y valora su avance, aunque advierte de que el texto necesita ahora una aplicación rigurosa para no quedarse en una declaración de intenciones.

La reforma supone un cambio de calado en la posición jurídica de las personas dentro de los sistemas de discapacidad y dependencia: la autonomía personal deja de ser un principio rector orientativo para convertirse en un derecho. La Administración deja así de decidir en exclusiva qué recurso ofrece y pasa a estar obligada a escuchar, apoyar y respetar el proyecto de vida de cada persona.

Entre sus elementos más transformadores figuran el reconocimiento de la accesibilidad como derecho, la vida independiente, la atención temprana, la teleasistencia para todos los grados, la asistencia personal sin límites de edad, la protección frente a las sujeciones, las viviendas con apoyos, la exclusión de la vivienda habitual del cálculo del copago y la obligación de respetar la voluntad de la persona en el Programa Individual de Atención.

Por primera vez, una ley fija que la Administración General del Estado debe cubrir, como mínimo, el 50 % del gasto total certificado por las comunidades autónomas en dependencia. Hasta ahora, la norma solo obligaba al Estado a igualar la aportación autonómica, sin un porcentaje concreto. El Pleno ha convalidado en la misma sesión el Real Decreto-ley 17/2026, que ya inyecta 6.200 millones de euros adicionales entre 2026 y 2027 y que ha elevado las cuantías mínimas mensuales a 90 € en grado I, 260 € en grado II y 660 € en grado III.

El texto elimina una de las principales barreras administrativas denunciadas durante años: quienes tengan reconocido un grado de dependencia obtendrán de forma automática un grado de discapacidad equivalente, sin necesidad de iniciar un segundo trámite: un 33 % para quienes estén en grado I y un 65 % para quienes estén en grados II y III. Asimismo, suprime la incompatibilidad entre determinadas prestaciones, permitiendo cobrar ayudas y trabajar al mismo tiempo.

Incorpora también la figura del asistente personal, sin límite de edad, para las tareas diarias, amplía el reconocimiento de personas cuidadoras más allá del entorno familiar —vecinos o amigos podrán ser reconocidos como tales— y regula la figura del facilitador procesal para evitar la indefensión de las personas con discapacidad en los procedimientos judiciales. Elimina, por último, las sujeciones físicas y químicas en la atención a la dependencia.

 

ACCESIBILIDAD UNIVERSAL: DE PRINCIPIO A DERECHO EXIGIBLE

La reforma da un paso decisivo al reconocer expresamente la accesibilidad universal como un derecho, y no solo como un principio orientador de las políticas públicas. Esto refuerza la obligación de garantizar que entornos, edificios, transporte, bienes, servicios, comunicaciones y tecnologías puedan utilizarse por todas las personas en condiciones de igualdad. Consolida además la accesibilidad cognitiva y desarrolla el concepto de ajustes razonables, cuya denegación injustificada pasa a considerarse discriminación, junto con un marco estatal que ayude a interpretarlos y exigirlos de forma homogénea.

Para respaldar estas obligaciones, la norma prohíbe la discriminación en la contratación de seguros y crea un Programa Estatal de Promoción de la Accesibilidad Universal, financiado con las sanciones impuestas por incumplimientos de la propia ley.

Este derecho refuerza la obligación de ejecutar obras de accesibilidad en las comunidades de propietarios, facilita su financiación pública y permite reclamarlas judicialmente; obliga a mejorar la accesibilidad física, sensorial, comunicativa y cognitiva del patrimonio histórico y cultural; y exige información accesible en los ayuntamientos y accesibilidad plena en los servicios sanitarios y los procedimientos de consumo. Impulsa la lengua de signos, el subtitulado, la audiodescripción y la accesibilidad cognitiva a través de centros estatales especializados.

En conjunto, la accesibilidad deja de depender de la voluntad de cada administración o entidad y se configura como una obligación transversal cuyo incumplimiento puede reclamarse y sancionarse.

 

LA LEY ENTRA EN SU RECTA FINAL

El texto pasa ahora al Senado y prevé su entrada en vigor veinte días después de publicarse en el BOE. Sin embargo, una parte importante de sus efectos prácticos dependerá de los reglamentos, acuerdos territoriales, adaptaciones autonómicas y dotaciones presupuestarias posteriores. El principal desafío será impedir que estos derechos queden reducidos a declaraciones formales. Para que produzcan el cambio anunciado serán imprescindibles financiación suficiente, profesionales, servicios comunitarios disponibles, adaptación de las comunidades autónomas y mecanismos eficaces de reclamación, inspección y sanción.

«Esta reforma recoge demandas que las organizaciones de personas con discapacidad llevamos planteando desde hace años, empezando por una financiación estatal que deje de depender de la voluntad presupuestaria de cada Gobierno», ha declarado Fran Sardón, presidente de IMPULSA IGUALDAD. «Ahora bien, una ley solo vale lo que vale su aplicación: a día de hoy hay 142.887 personas esperando una valoración de su grado y el tiempo medio de tramitación sigue en 314 días, muy por encima de los seis meses que marca la propia norma«, ha añadido.

Para Sardón, “es un avance necesario, pero no suficiente: queda sin resolver el copago que sigue expulsando a muchas familias del sistema y la exención completa en cuidados residenciales y domiciliarios que llevamos años reclamando”. Desde IMPULSA IGUALDAD se seguirá de cerca su desarrollo reglamentario y la forma en que cada comunidad autónoma traslada estos cambios a la práctica, dado que persisten diferencias de más de 300 días entre los territorios con mejor y peor tiempo de resolución. La organización recuerda que la igualdad de oportunidades no se agota en el texto legal, sino en su cumplimiento efectivo en cada expediente.

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